Discipulado la Fe del Mesías Unidad 5 El Amo y Señor
Capítulo 5
JESUCRISTO EL AMO Y SEÑOR
El esclavo
El obrero y las mieses
El mayordomo fiel
La obediencia
Las consecuencias de la obediencia y la desobediencia
Los pecados del espíritu el alma y el cuerpo
El misterio de la creación del cuerpo
La contaminación del cuerpo
Capítulo 5
JESUCRISTO EL AMO Y SEÑOR
EL ESCLAVO
Romanos 1:1
Del griego doulos que significa atado o siervo.
La vida cristiana no es el vivir según una lista de reglas o reglamentos. La vida cristiana es la obediencia a Jesucristo. La identificación con Cristo es la Santificación Posicional. La obediencia a Cristo es la experiencia de la santificación y esa es la santificación práctica. Lo más importante es recordar que los cristianos tienen que obedecer al Señor Jesús y tener comunión con El.
Todo el mundo tiene algún principio por lo cual vivir. No importa quién sea uno. Si uno vive por alguna ley, está viviendo de acuerdo a su naturaleza vieja. El vivir por alguna ley, es un extremo. Otro extremo contra el cual Pablo amonesta, es el libertinaje.
Si usted es hijo de Dios, tiene que hacer lo que le agrade al Señor. Debe presentarse a Él y serle obediente. Esa es una manera práctica de vivir la vida cristiana. En realidad, la muerte y la justicia no tienen otra alternativa sino obedecer. Toda persona es esclava de la una o de la otra.
Aun los creyentes tenemos que aprender que el poder del pecado es tan verdadero, como la culpa del pecado. Habiendo sido liberado de la culpa del pecado, mediante la justificación por la fe, ahora el creyente debe ser libertado del poder del pecado, por medio de la santificación por la fe. Ahora, la obediencia es la obediencia de la fe. La fe conduce a la obediencia a Cristo. No podemos librarnos de los lazos del pecado, porque somos débiles. Pero sí podemos presentarnos como esclavos a Jesucristo.
Él es quien nos pone en libertad. Recordemos las palabras de Jesús, allá en el evangelio según San Juan, capítulo 8, versículos 34 al 36, cuando dijo: “. . . que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el Hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.»
Cuando la palabra de Dios habla de esclavo habla de rendirle obediencia a nuestro amor porque le amamos y estamos agradecidos con El.
EL OBRERO Y LA MIES
Lucas 10:2
Mies significa la cosecha del grano.
«Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande obreros». Eso significa: la mies existe, pero Dios quiere servirse de los hombres, para que la lleven a los graneros. Dios necesita hombres. Necesita personas que digan: «Sí, estoy dispuesto a ser tu obrero en esta mies, estoy dispuesto a ayudar para que esta mies que ya está madurando en el corazón de los hombres pueda entrar realmente en los graneros de la eternidad y se transforme en perenne comunión divina de alegría y amor».
«Rogad, pues, al Dueño de la mies» quiere decir también: no podemos «producir» vocaciones; deben venir de Dios. No podemos reclutar personas, como sucede tal vez en otras profesiones, por medio de una propaganda bien pensada, por decirlo así, mediante estrategias adecuadas. La llamada, que parte del corazón de Dios, siempre debe encontrar la senda que lleva al corazón del hombre.
Con todo, precisamente para que llegue al corazón de los hombres, también hace falta nuestra colaboración. Ciertamente, pedir eso al Dueño de la mies significa ante todo orar por ello, sacudir su corazón, diciéndole: «Hazlo, por favor. Despierta a los hombres. Enciende en ellos el entusiasmo y la alegría por el Evangelio. Haz que comprendan que este es el tesoro más valioso que cualquier otro, y que quien lo descubre debe transmitirlo».
Nosotros sacudimos el corazón de Dios. Pero no sólo se ora a Dios mediante las palabras de la oración; también es preciso que las palabras se transformen en acción, a fin de que de nuestro corazón brote luego la chispa de la alegría en Dios, de la alegría por el Evangelio, y suscite en otros corazones la disponibilidad a dar su «sí». Como personas de oración, llenas de su luz, llegamos a los demás e, implicándolos en nuestra oración, los hacemos entrar en el radio de la presencia de Dios, el cual hará después su parte.
En este sentido queremos seguir orando siempre al Dueño de la mies, sacudir su corazón y, juntamente con Dios, tocar mediante nuestra oración también el corazón de los hombres, para que él, según su voluntad, suscite en ellos el «sí», la disponibilidad; la constancia, a través de todas las confusiones del tiempo, a través del calor de la jornada y también a través de la oscuridad de la noche, de perseverar fielmente en el servicio, precisamente sacando sin cesar de él la conciencia de que este esfuerzo, aunque sea costoso, es hermoso, es útil, porque lleva a lo esencial, es decir, a lograr que los hombres reciban lo que esperan: la luz de Dios y el amor de Dios.
Una cosecha jamás será posible sin la constancia de un obrero para que todo sea fructífero. Todo lo que hagamos como obreros, debe ser siempre con paciencia y dedicación.
EL MAYORDOMO FIEL
Lucas 12:35-40
El mayordomo fiel debe estar siempre preparado
Jesús acaba de explicar que solo un “rebaño pequeño” tendrá un lugar en el Reino de Dios (Lucas 12:32). Pero los que forman este grupo no deben considerar de poco valor esa maravillosa recompensa. Por eso, él enfatiza a continuación la importancia de que los que vayan a formar parte de ese Reino tengan la actitud correcta.
Jesús les aconseja a sus discípulos que estén preparados para cuando él regrese. Les dice: “Estén listos y con la ropa puesta, y tengan sus lámparas encendidas; sean como hombres que esperan a que su amo regrese de la boda para abrirle en cuanto él venga y toque a la puerta. ¡Felices los esclavos a quienes el amo encuentre vigilando cuando venga!” (Lucas 12:35-37).
A los discípulos no les cuesta entender lo que les menciona Jesús. Los sirvientes del ejemplo están listos, esperando a que regrese el amo. Jesús explica: “Si [el amo] viene en la segunda vigilia [desde las nueve de la noche hasta la medianoche], o hasta en la tercera [desde la medianoche hasta las tres de la mañana], y los encuentra listos, ¡felices ellos!” (Lucas 12:38).
Con esto, Jesús no les está diciendo simplemente que deban ser buenos sirvientes o trabajadores. Eso queda claro porque él, el Hijo del Hombre, se incluye en el ejemplo. Les dice a sus discípulos: “También ustedes, estén siempre preparados, porque el Hijo del Hombre viene a la hora que menos se lo esperan” (Lucas 12:40). Así que, en el futuro, Jesús vendrá, y quiere que sus seguidores en especial los miembros del “rebaño pequeño” estén listos cuando llegue ese momento.
Pedro quiere entender bien lo que Jesús les explica, de modo que le pregunta: “Señor, ¿haces esta comparación solo para nosotros, o para todos?”. Pero Jesús, en vez de responder directamente, da otro ejemplo relacionado con el anterior: “¿Quién es en realidad el mayordomo fiel, el prudente, a quien su amo pondrá a cargo de los sirvientes de la casa para que siga dándoles su ración de alimento al tiempo debido? ¡Feliz ese esclavo si su amo, cuando venga, lo encuentra haciendo eso! Les digo la verdad: lo pondrá a cargo de todos sus bienes” (Lucas 12:41-44).
En el primer ejemplo, es evidente que “el amo” representa a Jesús, el Hijo del Hombre. Es lógico pensar que la expresión “el mayordomo fiel” del segundo ejemplo se refiere a ciertos hombres que forman parte del “rebaño pequeño” y que recibirán el Reino (Lucas 12:32). Jesús dice que algunos miembros de este último grupo les darían a “los sirvientes de la casa” “su ración de alimento al tiempo debido”. Así que Pedro y los demás discípulos a quienes Jesús enseña y alimenta en sentido espiritual pueden concluir que el Hijo del Hombre volverá en una época futura. Durante ese período, habrá un sistema organizado para servir alimento espiritual a “los sirvientes de la casa” del amo, es decir, a los seguidores de Jesús.
Jesús destaca de otra manera por qué sus discípulos deben estar alerta y vigilar su actitud, ya que podrían descuidarse y hasta llegar a oponerse a otros sirvientes de Jesucristo. No trabajan bien y ellos mismos oprimen a otros servidores para que no sirvan de la manera correcta, llenos de gozo y amor por el amo. Dice: “Pero, si ese esclavo alguna vez llega a decir en su corazón ‘Mi amo tarda en venir’ y se pone a golpear a los sirvientes y a las sirvientas, y a comer, beber y emborracharse, el amo de ese esclavo vendrá un día en que él no lo espera y a una hora que él no sabe, y le dará el peor de los castigos y lo pondrá con los infieles” (Lucas 12:45, 46).
Luego, Jesús dice que ha venido “a prender un fuego en la tierra”. Y en cierto sentido lo ha hecho, porque ha hablado de temas que han causado una gran polémica y ha acabado con enseñanzas falsas y tradiciones judías, Jesús fue la piedra angular que causo tropiezo a los rebeldes, como si las hubiera destruido con fuego. Esta situación hasta causa división entre personas que normalmente estarían unidas, pues pone a “padre contra hijo e hijo contra padre, madre contra hija e hija contra madre, suegra contra nuera y nuera contra suegra” (Lucas 12:49, 53).
Jesús se ha dirigido principalmente a sus discípulos, pero ahora le habla a la multitud. La mayoría de la gente se ha negado a aceptar las pruebas de que es el Mesías. Por eso, él les dice: “Cuando ven que se levanta una nube por el oeste, enseguida dicen ‘Viene una tormenta’, y así sucede. Y, cuando ven que sopla el viento del sur, dicen ‘Habrá una ola de calor’, y así pasa. Hipócritas, saben reconocer el aspecto de la tierra y del cielo, ¿y cómo es que no saben reconocer este tiempo en particular?” (Lucas 12:54-56). Está claro que no están listos.
LA OBEDIENCIA
Debemos obedecer a Dios de buena voluntad.
¿Qué importancia tiene el obedecer de buena voluntad en lugar de hacerlo de mala gana?
Cuando Jesús estuvo en la tierra, un intérprete de la ley le preguntó:
“Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.
“Éste es el primero y grande mandamiento.
“Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
“De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas” (Mateo 22:36–40).
De estos pasajes de las Escrituras aprendemos cuán importante es amar al Señor y a nuestro prójimo; pero, ¿cómo demostramos amor por el Señor?
Jesús respondió a esa pregunta cuando dijo: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre…” (Juan 14:21).
Cada uno de nosotros debería preguntarse por qué obedece los mandamientos de Dios. ¿Es porque tenemos miedo al castigo? ¿Es porque deseamos las recompensas de vivir una vida recta? ¿Es porque amamos a Dios y a Jesucristo y deseamos servirlos?
Es mejor obedecer los mandamientos por miedo al castigo que no obedecerlos; sin embargo, seríamos mucho más felices si obedeciéramos a Dios porque le amamos y deseamos obedecerle. Cuando le obedecemos libremente, Él también nos puede bendecir libremente. El Señor se deleita en honrar a los que le sirven en rectitud y en verdad hasta el fin. La obediencia también nos sirve para progresar y para ser más semejantes a nuestro Padre Celestial; pero quienes no hacen nada hasta que se les manda y luego guardan los mandamientos de mala voluntad, pierden su recompensa.
¿Cómo podemos aumentar nuestro deseo de obedecer?
Podemos obedecer aun cuando no comprendamos por qué ¿Por qué no siempre tenemos que entender los propósitos del Señor a fin de ser obedientes?
Por medio de la obediencia a los mandamientos de Dios nos preparamos para la vida eterna y la exaltación. Algunas veces no sabemos la razón por la que se nos da un mandamiento en particular; sin embargo, demostramos nuestra fe y confianza en Dios cuando lo obedecemos a pesar de no entender la razón.
¿Cuándo les ha preparado el Señor el camino para que pudieran obedecerle?
Ningún mandamiento es demasiado pequeño ni demasiado grande para obedecer
A veces podríamos pensar que un mandamiento no es en realidad tan importante. Las Escrituras nos hablan de un hombre llamado Naamán que pensaba de esa forma. Naamán sufría de una terrible enfermedad y viajó desde Siria hasta Israel para pedirle al profeta Eliseo que lo sanara. Naamán era una persona muy importante en su país y se ofendió cuando Eliseo no lo recibió en persona, sino que envió a su siervo en su lugar; pero se ofendió aún más cuando recibió el mensaje que le mandó Eliseo, en el que le decía que fuera al río Jordán y se lavara siete veces. “…[Los] ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?” replicó, y se fue enojado. Mas sus criados le preguntaron: “…si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¡Cuánto más si sólo te ha dicho: ¡Lávate, y serás limpio!” Naamán fue lo suficientemente sabio para comprender que era importante obedecer al profeta de Dios aun cuando pareciera algo completamente insignificante; por lo tanto, fue y se lavó en el río Jordán y fue sanado. (Véase 2 Reyes 5:1–14).
Algunas veces podríamos pensar que un mandamiento es muy difícil de obedecer. Tal vez digamos que es muy difícil lo que Dios nos pide; pero, podemos estar seguros de que el Señor no nos dará un mandamiento a menos que nos prepare el camino para obedecerle.
Fue “cosa difícil” lo que el Señor le mandó a Abraham que hiciera al pedirle que ofreciera a su amado hijo Isaac en sacrificio (véase Génesis 22:1–13; véase también el capítulo 26 de este libro). Abraham había esperado muchos años el nacimiento de Isaac, el hijo que Dios le había prometido. ¿Cómo podía perder a su hijo de esa manera? Este mandamiento debe haber sido extremadamente difícil para Abraham; pero aun así, decidió obedecer a Dios.
Nosotros también debemos estar dispuestos a hacer cualquier cosa que Dios nos pida. Todo siervo de Dios debe imponerse esta meta: Cuando el Señor te lo mande, hazlo”; ésa también puede ser nuestra regla.
Jesucristo fue el ejemplo más sublime de obediencia a nuestro Padre Celestial. Él dijo: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Dedicó toda Su vida a obedecer a Su Padre con devoción a pesar de que no siempre era fácil para Él; fue tentado en todo aspecto como otros seres mortales (véase Hebreos 4:15). En el Huerto de Getsemaní oró a Su Padre, diciendo: “…Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39).
Gracias a que Jesucristo obedeció la voluntad del Padre en todas las cosas, hizo posible la salvación para todos nosotros.
¿De qué forma puede ayudarnos a ser obedientes el recordar el ejemplo del Salvador?
LAS CONSECUENCIAS DE LA OBEDIENCIA Y LA DESOBEDIENCIA
¿Cuáles son las consecuencias de obedecer o desobedecer los mandamientos del Señor?
El reino de los cielos se rige por leyes y, cuando recibimos una bendición, se debe a la obediencia a la ley sobre la cual esa bendición se basa. Por medio de la obediencia y la diligencia obtendremos conocimiento e inteligencia. También progresaremos espiritualmente (véase Jeremías 7:23–24). Por otro lado, la desobediencia trae como resultado el desánimo y la pérdida de bendiciones.
Cuando guardamos los mandamientos de Dios, Él cumple Sus promesas.
Los obedientes logran la vida abundante
Pasajes adicionales de las Escrituras
1 Samuel 15:22 (la obediencia es mejor que el sacrificio).
Eclesiastés 12:13; Juan 14:15; Romanos 6:16 (debemos obedecer a Dios).
Proverbios 3:1–4; 6:20–22; 7:1–3; Efesios 6:1–3; Colosenses 3:20 (los hijos deben obedecer a sus padres).
Juan 8:29–32; Deuteronomio 28:1-14 (las bendiciones de la obediencia).
Isaías 60:12; Deuteronomio 28:15 (las consecuencias de la desobediencia).
LOS PECADOS DEL ESPÍRITU EL ALMA Y EL CUERPO
El cuerpo es el lugar donde el Espíritu Santo construye su templo o tabernáculo.
El tabernáculo de reunión en el antiguo pacto se divide en tres partes:
Los atrios: representan el cuerpo
El lugar Santo: representa el alma
El lugar Santísimo: representa el espíritu de ser humano.
Tanto el cuerpo, el alma y el espíritu pueden cautivarse por los diversos pecados.
LOS PECADOS DEL CUERPO
Los pecados del cuerpo son: adulterio, fornicación, sensualidad y toda clase de inmoralidad sexual, masoquismo.
EL ALMA Y SUS PECADOS
Los pecados del alma son los que intervienen las emociones y las decisiones. Una mala decisión es un pecado del alma, es una señal de falta de sabiduría, el libro de Santiago dice que si alguno tiene falta de sabiduría pídala a Dios y El la dará en abundancia (Santiago 1:5). El resentimiento, la falta de perdón son pecados del alma, la mentira, los malos deseos.
EL ESPÍRITU Y SUS PECADOS
Son lo que intervienen el espíritu del ser humano. Por ejemplo. Las practicas ocultas demoniacas, la brujería, la hechicería y la idolatría son unos de los pecados del espíritu.
LA DESNUDEZ DEL CUERPO
Cuando Dios creo el cuerpo lo hizo perfecto. La gloria de Dios los cubría y era tanto su brillo que ellos se sentían cubiertos de la majestad de Dios. Desde el momento en que Adán y Eva pecaron. Se vieron desnudos. Esto quiere decir la Gloria de Dios en el cuerpo de Adán y Eva desapareció y vieron lo que todos vemos ahora. Un cuerpo hermoso, pero sin el brillo o resplandor de Dios. Sintieron la vergüenza de haber pecado y por eso se escondieron. Su pecado se hizo evidente.
Al entrar el pecado entró la concupiscencia y la lujuria. El varón deseo tener otra mujer en lugar de la que Dios le había dado. Es por eso que el varón carnal no se conforma con una sola mujer, sino que sus pensamientos desean tener otras mujeres con quien estar. (Genesis 4:19-24 El ser humano carnal ha infectado toda la humanidad dando como consecuencia una sociedad corrupta. El varón espiritual en cambio, aprende a través del Espíritu Santo, reconoce que la voluntad de Dios es tener una sola mujer como fue creado desde el principio. (Mateo 19:4-6)
Adán y Eva, antes de pecar, comían del árbol de la sabiduría. El árbol de la vida es el árbol de la sabiduría.
Proverbios 3:13 Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; 14 Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. 15 más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. 16 largura de días está en su mano derecha; En su izquierda, riquezas y honra. 17 sus caminos son caminos deleitosos, Y todas sus veredas paz. 18 ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, Y bienaventurados son los que la retienen.
Cuando comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal, entró la malicia en ellos. Actualmente podemos comer del árbol de la vida (Jesús) y el que come y bebe de su sangre, halla la sabiduría. Cuando Adán y Eva comían de este árbol en el jardín del Edén, sus ojos eran inocentes, por eso no se avergonzaban de mirarse desnudos. Aun tenemos esta valiosa promesa de volver a mirarnos con ojos puros y no llenos de codicia y maldad. Jesús cumplió una obra completa en los seres humanos. No una obra de apariencias sino una obra del corazón mismo.
La persona que aun mira con malicia a otra, aún le falta mirar con santidad y sabiduría. La persona, cuya mente está llena de malicia obviamente va a provocar a otro no importando la vestimenta que se use. Aún hay religiosos con mucho ropaje que han caído en pecados sexuales según noticias. Ojalá la santidad consistiera en vestimentas, así todo sería más fácil.
Colosense 2:20 Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos 21 tales como: ¿No manejes, ni gustes, ni aun toques 22 (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? 23 tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne
Es sabio tratar de ayudar al enfermo (débil o inmaduro) en la fe y no ser piedra de tropiezo en momentos donde podemos hacer caer al otro, pero no podemos generalizar, privar y juzgar la libertad del creyente que goza de este conocimiento todas las veces.
El verdadero evangelio se trata de ser transformado por el Espíritu Santo en un corazón puro.
Tito 15 Todas las cosas son puras para los puros, más para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.
Lo que enseña el Evangelio, es que, con Jesús, nuestro Árbol de Vida y su sacrificio volvemos al Jardín del Edén, donde ya no estamos sujetos a las consecuencias del pecado porque en Jesús se muere al pecado y a la malicia.
Es una valiosa promesa para hoy poder limpiar nuestro corazón. Sigamos la santidad que produce el comer y beber de Jesús. Nuestro hermoso Árbol de la vida. Perseverando en esto cada día.
LA VERGÜENZA DE LA DENUDEZ
La vergüenza de la desnudez es el haberse dado cuenta que el cuerpo de los primeros humanos ya no estaba emanando la Gloria de Dios. (Genesis 2:25; 3:7)
EL MISTERIO DE LA CREACION DEL CUERPO
El cuerpo fue creado por una razón. Y fue para revelar a Dios en nosotros.
Cuando el enemigo ve el cuerpo lo odia por eso intenta destruirlo con enfermedades, vicios, malos hábitos alimenticios e inmoralidad. Cuando ve el cuerpo ve el nombre de Dios.
El idioma hebreo se lee de derecha a izquierda
Se escribe
Se lee
Lo que conocemos como YHWH = Yahveh
El cuerpo del ser humano tiene la forma del nombre de Dios.
El nombre de Dios este compuesto por 4 consonantes y es un nombre imposible de pronunciar correctamente llamado el tetragrámaton.
Si colocamos las letras de derecha a izquierda en forma vertical veremos el cuerpo humano. Erguido y mirando hacia arriba.
El cuerpo humano tiene una forma divina. Fue creado por las manos de Dios para glorificar su nombre.
Después de la caída fue necesario cubrir la desnudez con vestiduras que representan la Gloria perdida de Dios en el varón y la mujer. En el mundo espiritual la ropa representa la Gloria perdida del ser humano. En Genesis 3:7 el hombre quiso hacer sus propias vestiduras que representan sus propias obras para justificarse. Fue necesario un sacrificio para que ellos pudieran ser verdaderamente justificados y cubierta esa vergüenza. (Genesis 3:21). El sacrificio para que Adán y Eva pudieran ser vestidos representa el sacrificio de Jesucristo proveyéndolos de vestiduras de Gloria (Salmos 104:1-2; Salmos 93:1). Cubriendo la vergüenza que dejó el haber pecado ante Dios.
La desnudez del cuerpo en sí misma no es mala, porque muestra la perfecta creación de Dios. El ser humano siempre ha tenido la necesidad de verse bien. Esto es algo que está en sus genes, el nombre de Dios en el cuerpo humano es visto desde una perfectiva sana. El cuerpo representa el arte de Dios, el hizo al hombre y a la mujer con sus propias manos (Genesis 2:7)
LA CONTAMINACION DEL CUERPO
Por causa del pecado la imagen de Dios en el cuerpo humano fue contaminado. Lo primero que se contaminaron fueron los ojos. La visión cambio.
Con el pecado el ojo se oscureció. (Mateo 6:23). Para poder ver un cuerpo desnudo sin sentir vergüenza o en casos extremos deseo y lascivia, es necesario cambiar nuestra mirada pecaminosa a una mirada inocente como la de un niño (Mateo 18:3). El niño no es malicioso. Por eso debemos volver a ser como niños. Puros de corazón. (Mateo 5:8).
El Señor Jesucristo nos exhorta hacer personas que miren el cuerpo con otros ojos. Ojos que vean el esplendor de Dios.
Actividad en Clases
• ¿Para ti que es ser un mayordomo fiel?
• ¿Cuándo ha recibido bendiciones como resultado de su obediencia a mandamientos aparentemente pequeños?
Jesucristo obedeció a Su Padre
• ¿Qué ejemplos le vienen a la mente cuando piensa en la obediencia de Jesucristo hacia Su Padre?
• ¿Qué opinas del cuerpo humano?